¿Qué deben saber los médicos de Big Data?

Aunque desde la Fundación del Español Urgente recomiendan el uso alternativo de términos como macrodatos e inteligencia de datos, lo cierto es que el conjunto de palabras ‘Big Data’ se ha convertido en el presente y futuro de áreas como la Medicina.

“Vivimos en una economía de datos y, en salud, contar con ellos y poder extraer información y conocimientos de los mismos, va a permitir ofrecer un mejor servicio”, explica para SaluDigital.es, Ignacio Hernández Medrano, experto en Big Data y co-fundador y CEO de Savana y de Mendelian, dos compañías dedicadas a transformar la sanidad mediante la inteligencia artificial.

Según explica Hernández Medrano, la gestión del Big Data en Medicina se traduciría en “acoplar bases de datos de distintos niveles, como pueden ser la historia clínica, el genoma humano o el proteoma, entre otros”, para después explotarlos y sacar el máximo partido.

La tecnología para llevar a cabo esta misión existe y está muy desarrollada. “Los retos tienen que ver con la conexión de las bases de datos y con hacer la pregunta adecuada”, apunta el CEO de Sanava, quien, añade, a su vez, que, precisamente, hacer las preguntas adecuadas “es lo que más éxito nos va a dar en el avance de la Medicina”.

¿Y sabe el clínico hacer la pregunta adecuada? Según este experto los médicos conocen perfectamente dónde están las lagunas de conocimiento y lo que quieren averiguar. A veces el desconocimiento por parte del clínico radica “no en lo que quiere saber, sino en las enormes capacidades de la máquina para dar respuesta hoy en día”.

Por tanto, con la tecnología a favor, los profesionales del sector que requieran de un buen manejo de los datos, tanto en la vertiente gestora como investigadora, “tendrán que aprender a gestionar lenguaje relacionado con la base de datos, trabajar con los científicos de datos, aprender a gestionar la bioinformática, etcétera”.

Con este desafío sin marcha atrás en la Medicina, las facultades deberán jugar un papel importante en la formación del Big Data. Para Hernández Medrano, “debería hacerse cuanto antes”. “Formar al alumno en el pensamiento matemático y probabilístico, en los sesgos de la intuición, en aprender a que la mente nos juega malas pasadas. En definitiva, a adentrarse en cómo la mente humana gestiona la base de datos y la información”, subraya.

De este modo, el médico del futuro inmediato pasa por ser un profesional capaz de gestionar el genoma, el microbioma y demás “capas” del organismo. No sólo como reto profesional, sino también como respuesta a la demanda de sus pacientes.

MACRODATOS, EN PRO DE LA MEDICINA PERSONALIZADA Y LA INVESTIGACIÓN

La gestión de grandes datos es el objetivo de los dos proyectos en los que navega Hernández Medrano. Savana y Mendelian han nacido para ayudar al clínico en el manejo de macrodatos y, así, mejorar las expectativas de los pacientes.

Savana es una máquina capaz de digerir información, simplificarla y ponerla a disposición cuando el profesional más la necesita. “En ningún caso corrige al médico, su función es apoyarle”, explica su CEO, que, además, destaca el buen estado de salud de la misma: “Estamos atendiendo a más de 40 hospitales, públicos y privados, y tenemos 15 estudios de Big Data en marcha dirigidos a favorecer la medicina personalizada. También empezamos a traducir la herramienta a varios idiomas para hacer estudios trasnacionales. Supone una fuerte apuesta en áreas como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, las inmunológicas, respiratorias, entre otras”.

En esta buena sintonía y con la misma misión de aportar a la Medicina se encuentra Mendelian. Esta web gratuita para profesionales y “ahora también para pacientes e instituciones”, permite la gestión de grandes datos de las enfermedades raras. “Contribuimos con un motor inteligente, que es capaz de leer millones de datos de bases públicas y es capaz de dar respuesta al médico en tiempo real de los lugares del genoma donde debe buscar”, comenta. Se convierte así en una gran herramienta para el clínico ante enfermedades con un retraso medio diagnóstico de 7 años, lo que conlleva una gran odisea y grave impacto para los pacientes que las sufren.

 

 

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Fuente: https://goo.gl/Ep3hm6

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