Síndrome de Hurler

Sinónimos: Enfermedad de Hurler
MPS1H
MPSIH
Mucopolisacaridosis tipo 1H
Mucopolisacaridosis tipo IH

Prevalencia: 1-9 / 1 000 000

Herencia: Autosómico recesivo

Edad de inicio o aparición: Infancia / Neonatal

 

Resumen

Definición de la enfermedad

El síndrome de Hurler es la forma más grave de mucopolisacaridosis tipo 1 (MPS1; ver término), una enfermedad rara de depósito lisosomal caracterizada por anomalías esqueléticas, deterioro cognitivo, enfermedad cardíaca, problemas respiratorios, hígado y bazo agrandados, rasgos faciales característicos y esperanza de vida reducida.

Epidemiología

La prevalencia del subtipo de Hurler de la MPS1 se estima en 1/200.000 en Europa.

Descripción clínica

Los pacientes presentan alteraciones musculoesqueléticas durante el primer año de vida que incluyen estatura baja, disostosis múltiple, cifosis torácico-lumbar, engrosamiento progresivo de los rasgos faciales (incluyendo cabeza grande con abombamiento de los huesos frontales, puente nasal deprimido con punta nasal ancha y narinas antevertidas, mejillas llenas y labios engrosados), miocardiopatía y anomalías en las válvulas, pérdida auditiva neurosensorial, agrandamiento de amígdalas y adenoides, y secreción nasal. El retraso en el desarrollo suele observarse entre los 12 y los 24 meses de vida, afectando principalmente al habla, con un deterioro cognitivo y sensorial progresivo. La hidrocefalia puede ocurrir a partir de los 2 años. El compromiso corneal difuso que conduce a la opacidad corneal es detectable a partir de los tres años de edad. Otras manifestaciones incluyen la organomegalia, hernias e hirsutismo.

Etiología

Este síndrome está causado por mutaciones en el gen IDUA (4p16.3) que provocan una deficiencia completa del enzima alfa-L-iduronidasa y un acúmulo lisosomal de dermatán sulfato y de heparán sulfato.

Métodos diagnósticos

El diagnóstico temprano es difícil ya que los primeros síntomas clínicos de la enfermedad son inespecíficos. El diagnóstico se basa en la detección de un incremento de heparán y dermatán sulfato en la excreción urinaria y se confirma demostrando la deficiencia enzimática en leucocitos o fibroblastos. Es posible realizar una prueba genética confirmatoria.

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico diferencial incluye la forma más leve de la mucopolisacaridosis tipo 1, el síndrome de Hurler-Scheie (consulte este término), aunque esta forma se asocia sólo con un deterioro cognitivo leve. El diagnóstico diferencial también incluye la mucopolisacaridosis tipo 6 y la de tipo 2 (consulte este término).

Diagnóstico prenatal

Es posible realizar un diagnóstico prenatal midiendo la actividad enzimática en un cultivo de vellosidades coriónicas o amniocitos, o a través de una prueba genética si se conoce la mutación responsable de la enfermedad.

Consejo genético

La transmisión es autosómica recesiva. Debe ofrecerse consejo genético y la realización de pruebas a parejas con una historia familiar positiva para la enfermedad.

Manejo y tratamiento

El manejo es multidisciplinar. El trasplante de precursores hematopoyéticos (TPH) es el tratamiento de elección para pacientes con síndrome de Hurler menores de 2,5 años de edad (y en determinados pacientes por encima de ese límite de edad) ya que puede prolongar la supervivencia, preservar la neurocognición y mejorar algunas características somáticas. El TPH debe realizarse en una fase temprana del curso de la enfermedad, antes de que se inicie el deterioro del desarrollo. La terapia enzimática sustitutiva (TES) con laronidasa (alfa-L-iduronidasa) se recomienda para todos los pacientes con Hurler y es una terapia de por vida que alivia los síntomas no neurológicos. Se ha visto que el inicio temprano de la TES retrasa e incluso previene el desarrollo de algunos rasgos clínicos de esta enfermedad. El manejo adicional del síndrome de Hurler es en gran medida de apoyo, e incluye intervenciones quirúrgicas (p.e. adenoamigdalectomía, reparación de hernia, derivación ventrículo-peritoneal, reemplazo de válvula cardíaca, liberación del túnel carpiano, descompresión espinal); audífonos analgésicos y medicamentos para aliviar los problemas gastrointestinales.

Pronóstico

Los pacientes a menudo sucumben a la enfermedad en la primera década de vida debido a complicaciones respiratorias y cardíacas, pero la TES y el TPH pueden mejorar la esperanza de vida. El momento del diagnóstico, y por tanto del inicio del tratamiento, es un factor importante para el éxito del TPH y de la TES con lanoridasa.

Revisores expertos

  • Pr Michael BECK

 



 

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