El rompecabezas

– Pero Alena, está lloviendo y no podemos ir al cine aunque te lo haya prometido – insiste Yesil. – Nos mojaríamos mucho mientras esperamos que pase el camión y no me gustaría nada que te diera un resfriado. Pero dime, ¿qué podemos verle de bueno a un día como hoy?

– No sé – llora Alena.

– Yo creo que sí sabes y reconozco que estás triste porque la lluvia arruinó nuestros planes, ¿verdad? Cuando los planes se arruinan podemos encontrar lo bueno y hacer nuevos planes, pero todo depende de cómo miremos las cosas, por ejemplo, hoy es un día feliz para el guayabo y las otras plantitas porque a ellas les encanta el agua de lluvia. ¿Qué más podemos ver de bueno a un día como hoy? – pregunta mamá nuevamente.

– Podemos jugar a algo divertido – dice Alena no muy convencida.

– ¡Exactamente!…. y tengo la solución perfecta para un día como hoy. Papá tiene guardado un rompecabezas que podemos armar juntas. Vamos por él.

Una vez que tienen la caja, Alena la abre bruscamente y deja caer todas las piezas al suelo. En cuanto las observa todas juntas se desanima:

– Son muchas piezas y todas son iguales. Esto está muy difícil. No se ve divertido.

– Al principio puede parecer muy difícil. ¡Si!…. pero iremos por partes. Cuando algo parece muy difícil, podemos resolverlo un pasito a la vez. Mira muy bien la foto de la caja, ese es tu objetivo. Es posible que pierdas de vista la figura final por miedo de ver tantas piezas y que a simple vista parezca difícil.

– Sí, tengo miedo de no poder armarlo – reconoce Alena.

– Observa detenidamente. ¿Todos los colores son iguales? – le pregunta mamá para que haga una segunda revisión.

– ¡De veras! – grita Alena – Hay muchos colores diferentes y todos los monos están haciendo cosas diferentes.

– Muy bien Alena, ahora vamos a voltear todas las piezas y vas a ir separando las que tienen un solo lado plano. Eso significa que esas piezas son de las orillas. Si lo haces con calma te darás cuenta que cada una es muy especial ¡Búscalas!…..- le dice Yesil mientras la observa detenidamente. Alena ha descubierto que encontrar las orillas es muy fácil.

– Esta y esta y esta……….

– ¡Muy bien cariño! Ahora que las tienes todas vamos a empezar a combinarlas. Combina las que se parecen por colores o las que tengan líneas o puntos parecidos. Combina las piezas de distintas maneras, ya que lo que no pertenece a una zona puede encajar perfectamente en otra. Mira detenidamente la parte en la que estás esforzándote pero no pierdas de vista la gran figura final, tu objetivo.

– Esta entra aquí pero solo si la aprieto…… ¡ay, no quiere! – comenta Alena con un poco de desesperación ya empezando a enojarse.

– No. Ninguna pieza debe entrar forzada. Cada pieza tiene su lugar. Desarma las partes que, a las claras, no combinan entre sí y vuelve a empezar. No te enterques si no encuentras la pieza que buscas cuando tu quieres, ni te enojes con las piezas por no aparecer por sí sola. Busca con calma…..

– ¡Ah mira! ¡Ésta si es de aquí! – dice triunfante la pequeña. Alena se ha empezado a entusiasmar y ahora está totalmente concentrada. Yesil no puede contenerse:

– ¡Excelente! Muy bien mi amor. Me siento muy orgullosa de que seas tan observadora….. Esa también encaja ahí. Y esa también. Lo estás haciendo formidable….. ¡Choca esos cinco!…. ¿y esa? Parece que esa pieza no pertenece ahí. Si tienes alguna pieza con la que no sabes qué hacer, guárdala para después. En algún momento, cuando menos lo esperes será útil y necesaria, no hace falta armar todo el juego ahora mismo.

– Sí, quiero terminarlo para cuando llegue papi del trabajo.

Yesil se siente satisfecha. Con tanta alegría, la tarde se ha ido volando.

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