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AMIIf, investigación clínica, COVID19

¿Qué significa la fase 3 de investigación clínica?

En las últimas semanas hemos escuchado que algunas candidatas a vacunas para la Covid-19 están ya en fase 3 de investigación clínica, pero ¿Qué significa eso?, ¿Cuántas etapas hay?,¿Cuál es el objetivo de cada fase?

La fases de la investigación clínica son un filtro. No puedes llegar a fase 3 si no has analizado y garantizado la seguridad y eficacia de la candidata a vacuna.

Los principales objetivos de la fase 3 son:

  • Demostrar la seguridad y eficacia del nuevo fármaco o vacuna en el paciente típico que vaya a utilizarlo.
  • Confirmar los niveles de dosis efectiva.
  • Identificar los efectos secundarios o motivos por los que el tratamiento no debería suministrarse a las personas que padecen una enfermedad en cuestión (lo que se conoce como ‘contraindicaciones’).
  • Ampliar conocimientos sobre los beneficios del fármaco o vacuna y compararlos con los posibles riesgos.
  • Comparar los resultados con los obtenidos con otros tratamientos existentes.

Al 31 de julio 6 candidatas a vacunas se encontraban en esta fase.

Aquí pueden leer más acerca del complejo recorrido de una vacuna. 

Un modelo de los beneficios económicos de la eliminación global de la hepatitis C

El 28 de julio se conmemoró el Día Mundial contra las hepatitis y coincidió con la publicación de un estudio de The Lancet titulado: A model of the economic benefits of global hepatitis C elimination: an investment case.

En él las autoras señalan que muchos países de bajos y medianos ingresos que han optado por no invertir en prevención o atención de la hepatitis viral C (VHC), subestiman la cantidad de dinero que ya podrían estar perdiendo a causa de este padecimiento, ya que disminuye la participación de la fuerza laboral y genera pérdidas de productividad económica, además de los costos directos de atención médica a largo plazo.

Las pruebas y el tratamiento pueden producir beneficios económicos indirectos gracias a una mayor participación de la fuerza laboral, tanto entre las personas que se curan de la enfermedad como por la prevención de muertes prematuras. Al mejorar la salud de una persona, se mejora el entorno de su familia, su comunidad y su país.

En el estudio se corren modelos matemáticos que cuantifican los beneficios económicos de los programas de hepatitis C, en comparación con mantener el status quo de tratar la enfermedad de manera pasiva y con el escenario de diagnosticar y tratar pero sin hacer inversiones que permitan escalar estas acciones.

Los avances en el diagnóstico y el descubrimiento de una cura para la infección por el VHC significan que ahora es posible obtener resultados en relativamente cortos períodos de tiempo. Se necesitan casos de inversión como este para informar a los gobiernos y agencias de financiación sobre el costo, la rentabilidad y los beneficios económicos del compromiso de eliminar la hepatitis C.

No olvidemos que una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es, para 2030, poner fin a las epidemias del SIDA, la tuberculosis, la malaria y las enfermedades tropicales desatendidas y combatir las hepatitis, las enfermedades transmitidas por el agua y otras enfermedades transmisibles.

Aquí puede leerse el estudio completo.

¿Cómo se determina el nombre de una enfermedad? ¿Por qué importa?

Cuando surgió la Covid-19, asociada al virus SARS-CoV-2, no había un nombre oficial y los medios de comunicación informaban de este fenómeno con descripciones asociadas al lugar de origen de la actual pandemia: “el virus de China”, “el virus de Wuhan” y algunas otras fórmulas despectivas y estigmatizantes.

En este texto, Dave Wessner, experto en enfermedades infecciosas, recuerda que un fenómeno similar sucedió con el VIH y la enfermedad asociada a este virus, el SIDA. En el caso del VIH, no fue sino hasta 1982 que los Centers for Disease Control and Prevention en EUA utilizaron por primera vez el nombre actual de la enfermedad, y casi cuatro años más tarde, el Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV), encargado de la designación y denominación de taxones de virus (es decir, especie, género, familia, etcétera), propuso el nombre oficial para el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). 

Wessner señala que tanto el ICTV como la propia OMS, recomiendan nombrar a las enfermedades infecciosas con términos descriptivos genéricos que incluyan el nombre del patógeno, y nunca asociarlos a nombres de personas, ocupaciones, ubicaciones geográficas o referencias culturales. Así se desecha la posibilidad de efectos negativos en las naciones, las economías y por supuesto, en las personas.

La forma en que nos comunicamos sobre la Covid-19 es crucial para emprender acciones eficaces que ayuden a combatir la enfermedad y que eviten las etiquetas, los estereotipos, el miedo y la discriminación.

¿Podemos hablar de casos leves de Covid-19? 

A nivel mundial, los impactos de la pandemia por la Covid-19 se han medido principalmente por el número de contagios, hospitalizaciones y muertes, pero a medida que avanza la propia enfermedad y el conocimiento sobre ella, surge una nueva necesidad: el conteo de casos “leves”. 

En este texto, la profesora de salud pública Nisreen A Alwan, comparte su experiencia con la Covid-19 y una serie de síntomas prolongados, fluctuantes y debilitantes que se hicieron presentes en su organismo (como el agotamiento o la opresión en el pecho) y que aún sin una prueba confirmatoria, coinciden con otros tantos casos reportados que cursaron la enfermedad sin hospitalización, pero con secuelas a considerar.

Alwan llama a que además de la hospitalización, la gravedad de esta nueva enfermedad pudiera medirse a través de la mala salud, pues “si los síntomas duran más de un mes y debilitan las actividades habituales, no es razonable llamar a esto un caso ‘leve’”. 

La figura de la recuperación Covid-19 permitiría entonces, medir los resultados de salud que no son fatales, así como las implicaciones en la salud a largo plazo. Para ello, sería necesario tomar en cuenta la duración de los síntomas, la fluctuación, la funcionalidad general y la calidad de vida de las personas en comparación con su situación antes de la infección. “Todavía sabemos muy poco sobre la Covid-19, pero sabemos que no podemos luchar contra lo que no medimos”, destaca.

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En el sitio web LONG COVID se recopilan historias de personas que han lidiado con la enfermedad y sus secuelas por meses. Recordando que la enfermedad actúa diferente en cada persona en síntomas e intensidad. Estas historias son valiosas para descifrar el enigma de la Covid-19.

AMIIF