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Investigadores descubren un nuevo gen que contribuye a la progresión de la ELA

Investigadores de la Universidad de Columbia han descubierto un nuevo gen, TBK1, que está relacionado con la progresión de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). La falta de comprensión de una enfermedad rara dificulta cualquier progreso hacia el tratamiento, que es lo que hace que este nuevo descubrimiento sea tan emocionante. A través de modelos de ratón, han estudiado este gen y su efecto en la enfermedad neurológica. El conocimiento adquirido en este estudio podría conducir a tratamientos que modifiquen las vías dentro del gen, lo que retrasaría la progresión de la ELA.


Acerca de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA)

La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad neurológica progresiva en la cual las células nerviosas en el tronco encefálico, el cerebro y la médula espinal se deterioran. Debido a este deterioro, los músculos se debilitan y las personas pierden el control de ellos y de su movimiento voluntario. En las últimas etapas de la ELA, los músculos necesarios para respirar se debilitan, lo que resulta en la muerte. Hay dos formas de esta enfermedad: esporádica y familiar. El primero es el más común, con 90-95% de los casos que entran en esta categoría. Familiar significa que se hereda. La ELA es una enfermedad muy rara, ya que su incidencia es 3.9 de cada 100,000 personas en los Estados Unidos. Si bien cualquiera puede tener ELA, los hombres blancos de 60 a 69 años tienen el mayor riesgo.

Los profesionales médicos no conocen la causa de la ELA. En la forma familiar de la enfermedad, se sabe que un gen mutado se hereda de los padres, pero aún no se comprende completamente y solo representa el 5-10% de los casos. Los investigadores creen que existe una conexión entre la demencia frontotemporal y la ELA. Otra teoría es que la exposición a ciertas sustancias o toxinas conduce al desarrollo de ALS.

Los síntomas de ALS varían entre los individuos. También empeoran a medida que la enfermedad progresa. Los síntomas comienzan con dificultad con pequeños movimientos y cosas cotidianas como caminar. Al inicio de la enfermedad, las personas pueden tropezar y sentir debilidad en sus brazos, manos y piernas. A medida que avanza, las personas experimentan dificultades para hablar y tragar, hablar lento y arrastrado, espasmos y calambres en los músculos y dificultades para mantener una buena postura. En las etapas posteriores, las personas no podrán mover sus músculos gradualmente, lo que afecta a todo el cuerpo. Esta incapacidad afecta movimientos como el parpadeo. Si bien las personas con ELA experimentan pérdida de la función muscular, no pierden ninguna de sus habilidades cognitivas. Sus sentidos generalmente tampoco se ven afectados.

Se obtiene un diagnóstico después de que un médico se da cuenta de los síntomas y realiza pruebas para descartar otras afecciones como la enfermedad de Lyme, el VIH o la esclerosis múltiple. Se pueden usar análisis de sangre para lograr esto. Después de descartar otras condiciones, los médicos usarán electromiografías (EMG), estudios de conducción nerviosa (NCS) e imágenes de resonancia magnética (MRI). Una vez que se obtiene un diagnóstico, el tratamiento suele ser sintomático, ya que no existe cura para la ELA.

El tratamiento incluye fisioterapia y terapia del habla, soporte nutricional y de ventilación, medicamentos para la depresión o la ansiedad, medicamentos para aliviar la tensión y el dolor en los músculos, cuidados paliativos y riluzol, que reduce el daño a las neuronas motoras.


Estudio de Columbia

Hay muchos genes que se han asociado a la progresión de la ELA, y los investigadores de Columbia utilizaron este conocimiento para formular su estudio. Utilizando modelos de ALS en ratones, llamados ratones SOD1, insertaron la mutación TBK1 en las neuronas motoras.

Esta inserción dio como resultado un inicio más temprano de los síntomas en comparación con los ratones SOD1 originales, junto con daños en las neuronas motoras. Estos resultados tienen sentido ya que el gen TBK1 desempeña un papel en la autofagia, que es cuando se eliminan las proteínas, células y bacterias dañadas. Una mutación o eliminación de este gen puede alterar en gran medida ese proceso, lo que lleva a un inicio más temprano.

Si bien el primer paso en este estudio mostró que TBK1 desempeñó un papel negativo en la progresión de la ELA, la investigación posterior vio que este gen podría tener efectos positivos. En ratones que tenían el gen TBK1 presente en todas sus células en lugar de solo sus neuronas motoras, la vida útil fue un 25% más larga. Una evaluación adicional encontró que esto se debía a que las células TBK1 podían suprimir algunas de las respuestas de interferón dentro de las células gliales del sistema nervioso.

Estos resultados, tanto negativos como positivos, son muy útiles para discernir el papel de TBK1 en ALS. Los investigadores esperan utilizar esta información recién descubierta para trabajar en futuros tratamientos y modificar las vías con el fin de retrasar la progresión de la ELA.

Esperan que este estudio sea un paso para mejorar la vida de las personas con la enfermedad neurológica.


Kendall Mason

Fuente: https://patientworthy.com/2020/04/08/new-gene-in-progression-of-als/

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